ECO DE OTOÑO

Con afecto a Matito,

compañera de labores

en el año recién pasado.


Desde el umbral miro la calle polvorienta

en un verano perdido en el calendario,

brilla en viaje a las montañas de la costa,

más allá,  el mar,

de voz potente golpeando la playa

como a un amante apasionado,

cierro los ojos y siento

la brisa marina perfumar de sal mis labios.

El umbral no está,

la calle de tierra

se ha ido tras su propia huella,

el tiempo ha borrado la imagen

y solo un quebrado eco resuena en el otoño

que ha caído sobre el pecho.

EL CLAVO EN LA PARED.

En cada amanecer que se refleja

en el abisal universo de los ojos

hay deformaciones cayendo como rocío

desde el fondo de la Terra.

¿De dónde fluye este siniestro oculto en el alba?

La interrogante muere antes del ocaso.

Nadie responde.

Nadie hilvana siquiera  una vulgar caricatura.

Recuerdo la canción del loco

clavando la pared

insistiendo febrilmente hundirlo inverso.

Entonces,

al pasar alguien reclama la Democracia

el marañoso ovillo libertario ambulando sonámbulo

en el Departamento de Estado

¡quién lo dijera!

el negrito traía el clavo bajo el poncho

era de la otra muralla

pero, CNN nunca lo dijo.      

 

 

 

CUÁNTO DE TI EN TU PRESENCIA.

ha sido problema fijar deslindes

establecer realidades en el centro de la memoria

para saber a ciencia cierta cuanto veo de ti en ti.

Entonces, me ha dado por movilizar

espacios vacíos, fantasmales, 

apenas sombras,

revoloteando entre instantes ciertos,

verdaderos muros

de la urbe y su comedia doméstica.

Dime, ¿que es lo que tus párpados guardan

bajo el insomnio permanente de las calles?

¿acaso, vertientes terribles

que no alcanzo a comprender?

¿asimétricos fluidos en todos los entornos

que al final del día, nos han destazado

con natural impunidad?.

Realidad,

espejo donde afinas tus visiones 

pero, no te reflejas,

ni siquiera

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EL ESPECTRO DE ALIS.

El espectro de Alis.-

 

Nunca logré descubrir la realidad de los hechos.

A veces,  mis manos eran las del artesano donde su cuerpo efímero de arena húmeda tornaba en  arcilla, solo arcilla,  moldeada conforme a mis fantasías. Apreciaba un latir con fuerza, la esencia de la vida donde yo, había  puesto el calor, origen de la proyección del movimiento  impulsando, desde las entrañas del cosmos, hasta el fuego eterno del centro de la Tierra, el rojo flamígero torrente de su sangre virgen, hasta las cimas de sus senos perfectos.

La hice en mis manos y la deshice hurgando sus humedales

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