A VECES.


 

 

A veces, como pájaro perdido en medio del invierno

La soledad llega por las calles del pueblo

Y hace nido en la frisa del poncho de castilla

 

Oscurece las ventanas de la última cantina

Y cuenta el nombre de amigos que fueron

Tras el funeral de la fantasía

Entibiando la copa con sus propias manos

Tal vez, jamás volverán a revivir ilusiones

Fugadas en el relincho de la escarcha

Que ha detenido su galope en el portón

Donde susurramos algún poema

 

Marchitando la botella se ha ido

Sin inventar un brindis de despedida

A las tardes del estío

O al

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DEL RECUERDO


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tal las  hojas se abren en otoño

trenzando el tiempo,

urdiendo cadenas sobre el verbo,

palabra que es todas las palabras,

allí donde el polvo baila

en cada paso alrededor del caminante,   

dominios solares

una pizca apenas

un aliento

y esta tierra muerta vive

envuelta en pretéritas fantasías

lejano candil

cruzando amaneceres

en vastas praderas del recuerdo. 

MI QUERIDO QUIRIHUE.


Estruendos mudos

entrelazan  reflejos oscuros

nombres

que enmudecieron en mi ausencia

en el pretérito canto de las tejas

anidado  en mi oído

para que el desfile cotidiano

dicte historias en una alameda fantasma,

mientras,

esta desnuda soledad mía

cuelga

de una esquina de la plaza

al escuchar otra vez la Cumparsita.

Así no más,

sin previo aviso,

el otoño vino a derramar el sepia

sobre un nostálgico rostro

fundido en ayeres latentes

al amparo de algún sueño,

tal vez,

ese que no pudo ser,

y quedó para siempre

adherido

a las raíces

de mi querido Quirihue.

 

 

TRÁFAGO PROVINCIAL.


Hay que ver

¡cómo duermen las calles

                                     desta provincia!

Concepción

desanda adoquines

artesanal alfombra de roca

                              borra palabras

anidando esquinas

el ojo del farol fue asesinado

                                  premeditadamente

por el urbanista predilecto 

                           del Alcalde

llevó al desaguadero

signos descolgados en algún amanecer

de los años 60

uno a uno desaparecieron del paisaje

-yo en medio-

Plaza de Armas

Ceres

agoniza en doméstica monotonía

de maquillado tono

en víspera de elecciones

entonces,

este urbano-centro elije su corona funeraria

-también yo-

desangrando el pavimento

de versos y cantos

que tal vez,

nadie ha de escuchar

aturdido

en el febril tráfago de la city.

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MORTAJA.


Desviste tu piel

                            esa albura impertinente

fisgona atenta al intersticio

                                             de lirios tejidos

en el telar de los amaneceres

amparando signos

                                       escritos bajo la piel

para que

               mi mano y tu mano

                                                   hurguen

la gruta hacia todos los placeres.

 

La memoria desviste silencios

mientras

tus ojos buscan  en  los míos

                                       una historia cercana

espacios,            sitios vacíos,                 exilios,

palomas que huyen del campanario

hacia azules de infinito

torre olvidada o cripta

                                 para mis huesos

no importa

si alguna vez

encontramos

lugar para el olvido


la vida

                              fue consumada

y no hay espada

contra el nudo que nos ata

a esta promesa

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POST MORTEM IX.-

manuel muñoz a.


... beber en el vientre del fuego

palpitante seno de la Tierra               

voz del vino

temblando bajo el sol de Marzo

en las manos del padre.

Arcilla y sol

nutriendo nostalgias

Y sobre la mesa

eterna levedad  

brotando de los ojos.

 

Alguien gobierna los instantes

en el vivencial e imaginario reino

para que el estremecido vaso

desborde

emociones de antiguos sabores.

 

TRASCENDER.

 

 

Oído tiempo, dimensión espectral

en antiguas  sinfonías,

                           memoria trenzada,

tal vez,  

vegetal raíz ancla de la antigua encina

inmutabilidad cósmica

perfiles de vagas sombras

cintas atadas al cielo

                                    sueño cómplice

en la tarde de esta abisal soledad

             Ahí se detuvo la razón del instante

aquella certeza desbordada de incógnitas

vestida  en la manta luminosa del recuerdo

percepción que habita  en la estructura

y la mente

viajando en  la palabra y el tacto,

nítidos senderos del ocaso

                   en la abrumada conciencia

entonces,

ahora estamos en la misma latitud

uniendo tiempo y distancia,

                                      río y bosque,

canto de agua cayendo sobre el

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